27/09/03
Valiosa entrevista de "La Nación" realizada al Embajador Argentino en España, Abel Posse. Rescatamos algunos parrafos interesantes:
nota completa:
enviado por: JDP
fuente: diario "La Nacion"
| Abel Posse: "En la Argentina no hay un gobierno de izquierda" |
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El polémico escritor analiza a Kirchner |
Antes la consigna era: "Ni yanquis ni marxistas, peronistas". Hoy podría ser: "Ni liberalismo economicista ni, mucho menos, socialismo ¡Peronismo! Aunque falte definir en qué consiste exactamente eso". Más o menos así parece ver el presente argentino Abel Posse, controvertido y polifacético novelista, ensayista y diplomático. Dice que no quiere ser excesivamente optimista y trata de moderarse cuando se descubre alabando la gestión de Néstor Kirchner. Si en los primeros días no lo entendió del todo, ahora admira algunos gestos tácticos que, dice, quizás asustaron al establishment, pero que sirvieron para que los jóvenes volvieran a creer en la política. "Kirchner no virará a la izquierda. El peronismo no es de izquierda", asegura. Pero el peronismo es capaz de regenerar -según Posse- "una idea tal vez heroica de nación que se había perdido". Y de reclamar, vía Brasil y el Mercosur, la cuota de poder que le corresponde en un mundo cada vez más lleno de amenazas, argumenta: el imperio avanza y está listo para ocupar espacios vacíos. "Tal vez, en lugar de acusarlo, habría que haber investigado lo que dijo el general Bendini", dice el embajador Posse.
De sus 64 años, Posse pasó 40 trabajando en embajadas argentinas: Rusia, Francia, Israel, Italia, República Checa, Perú y Dinamarca fueron destinos en los que vivió mucho tiempo. Ahora es Madrid: Posse es el actual embajador argentino en España. En sus cuatro décadas itinerantes reunió más amistades célebres, más discusiones y más libros de los que pueden citarse. Una de sus novelas, "Los perros del paraíso", obtuvo en 1987 el premio Rómulo Gallegos. Sobre una mesa ratona de su departamento porteño de la calle Rodríguez Peña exhibe sus obras en traducciones inesperadas: ruso, estonio, holandés, alemán, sueco. Entre los libros se pasea, sutil, Tinta Blanca, el gato persa. El 1° de noviembre, Emecé publicará el último ensayo de Posse, intelectual de pensamiento original, nacionalista y, cuando menos, polémico. "El eclipse argentino", justamente ahora, cuando el autor quiere creer que en la Argentina sale por fin el sol.
-Por la misma exigencia de su oficio diplomático, usted ve a la Argentina cada varios meses. Para el observador, esto es una ventaja. ¿Qué cambios percibe?-El espíritu de recuperación de la gente en la Argentina ya se notaba al medio año del gobierno de Duhalde. Un deseo de país sano, de ir adelante. También es importante haber pasado del "que se vayan todos" a una concepción compartida por la inmensa mayoría, que apoya al Presidente con mucho entusiasmo, en el sentido de que la política es la clave. En este momento, sin política estaríamos en la anarquía.
-¿Usted cree que pecamos por reemplazar la política por la economía? -El economicismo es un problema mundial, pero los argentinos lo compramos con particular entusiasmo. Hemos sido muy dóciles y la política se había desprestigiado enormemente. Si a eso unimos la corrupción... No hay que olvidar que (el de Menem) fue un gobierno manejado con mucha fuerza en lo económico por el Estado, con un estatismo económico liberal. Es curioso: sólo en la Argentina se dan esas cosas. -¿Menem nos empujó a ser cada vez más liberales? -Claro, el Estado nos obligó a ser monstruosamente liberales. Y, claro, en un momento eso hizo eclosión y se transformó en un sentimiento también anormal. -De todas maneras, mucha gente aplaudió y disfrutó durante la hoy impronunciable década de los noventa. -¡Pero sí! Los argentinos han apoyado totalmente lo que llamamos la lucha antirrepresiva. Los argentinos, y sobre todo los porteños, han apoyado unánimemente los golpes militares. Había gente que no veía la hora de que se diera un golpe contra Isabel Perón. Todos los sectores, de todos los partidos políticos, hemos apoyado durante muchos años lo que ocurrió en la década menemista. Hasta Quebracho creo que deseaba hablar con Cavallo. Hemos sido unánimemente proliberales. Nos hemos sentido dueños de esa alegría irresponsable que ha sido el "déme dos" a la Argentina, que vivimos cada quince años y que pagamos con deudas que sorprenden al universo. Son cósmicas nuestras deudas. -Otro de nuestros récords... -Sí, son deudas récord y cósmicas. Sin solución. La Argentina es un país muy difícil. Es un país brillante, de talento, pero que ha sido insuficiente. Somos un poco como los rusos, un país de gran talento y de cierta incapacidad para vivir con armonía, felicidad y modestia los días de la vida. Somos países extremos, ¿no? -¿En un sentido dramático? -En el caso ruso sí es dramático. En el caso argentino es una especie de... -¿Sainete? -No (se ríe). Es muy duro, sainete. Pero somos un país malcriado, que nació con riqueza y creó una psicología exitosa y un poco frívola. Y no tenemos mucho aguante. Después de haber vituperado a los terroristas, los terroristas se transforman en supervisores de la moral pública. Después de haber gozado ingenuamente durante diez años de una organización económica liberal muy fuerte, nos parecen demoníacos los personajes que nos manejaron. Tenemos una curiosa volubilidad. Después del "que se vayan todos", reelegimos a todos. -¿Cómo se explica esto? -Bueno, porque en el caso del partido peronista hay una experiencia de gobierno muy grande, que no hay que subestimar. Desde la visión de la Capital Federal, el peronismo ha sido siempre un partido de segunda clase, pero en verdad es el partido que más experiencia tiene para controlar la Nación. Lo demostró Duhalde, por quien nadie daba un centavo cuando subió y a quien ahora se le reconoce una capacidad de serenidad en la conducción en la vida argentina. Aunque el peronismo ahora es como Júpiter: un enorme astro que ocupa todo, pero que es de gas. No tiene esencias metálicas. Le falta fuerza interior, no tiene ideología. Tiene que recuperar la línea. Pero el peronismo, de alguna manera, nos parece, le parece a la gente, que es el equilibrio entre un capitalismo peligroso y lo que era el socialismo como una forma totalitaria. -Pero a esta situación llegamos por el peronismo... -Sí. El peronismo es tan curioso que dio la mayor reforma social y, al mismo tiempo, el gobierno liberal más extremo y más fuerte que conoció la Argentina. -¿Ve algo positivo en la Argentina de los años 90? -Cierta idea de país moderno, que nos faltaba, cierta idea de ejecutar cosas concretas del Primer Mundo. Lo negativo fue la descompensación, la negación del principio de armonía de los griegos. Por esa descompensación, el liberalismo se transformó en mercantilismo generalizado. Fue una deformación que pagamos cultural y educacionalmente. Y, por último, el episodio dramático, que la gente no quiso ver a partir de 1995, que fue la creciente desocupación, creer que la investigación científica era innecesaria, admitir que se importara todo. Se creó un concepto de país dependiente y se olvidó la noción de que tenemos que tener la grandeza de ser nosotros los Estados Unidos. No vivir bajo el ala de los Estados Unidos: ser mejores que Estados Unidos. -¿Complejo de inferioridad? -Fue una idea general de sometimiento al Norte: no saber conformar con nuestro continente un polo que garantizara nuestra forma de vida, nuestros negocios, que le abriera horizontes a nuestros empresarios. Eso ha ido creando una sensación de inferioridad, de incapacidad generalizada. La situación en el mundo cambió y es muy difícil. Hay dos ideas fundamentales. La primera, que este macrocapitalismo mundializado al que todos tratamos de adaptarnos crea el bienestar de muy poca gente y empobrece a muchísimos, incluso en países poderosos. Tenemos ya la prueba de que esta forma de organización económica mundial, con esta idea del homo economicus , está llevando a la imposibilidad de salvar pueblos. Basta con ver las proyecciones de las Naciones Unidas para 2020, o 2025. Son terroríficas: cuatro de cada seis personas en el mundo van a estar en la penuria y en la miseria. Y el otro problema que no se confiesa es que ningún socialismo, ni el socialismo comunista del sistema socialista mundial, ni la socialdemocracia de Europa, ni los socialismos heterodoxos, pueden sustituir al capitalismo. Este es el círculo cerrado mundial. Todos sabemos que el socialismo no puede gobernar y sabemos que el capitalismo es casi genocida. -Un callejón sin salida. -Como decía Marechal: la única forma de salir de un laberinto es yéndose hacia arriba. Pero repito: el capitalismo está siendo inviable y está chocando contra dos muros: el de la ecología y el de la creación sistemática de pobreza en las grandes masas humanas. Y el otro problema es que los socialismos tienen que perder toda ilusión. Salvo los socialistas izquierdistas argentinos que viven en una elite, que no tienen la incomodidad de cargar con el pueblo, ni tienen que ganar elecciones porque saben que las pierden, ni tienen sindicatos... La gente que se dedica al socialismo es gente que vive en una dimensión metafísica. Curiosamente, contra las ideas de Marx. Y no tiene la menor capacidad para administrar ni siquiera un club de barrio en quiebra. -¿Socialismo e izquierda son lo mismo? -Izquierda es el sentimiento general de superación del hombre y socialismo sería su aplicación política. En este momento hay una disyunción profunda entre ese sentimiento moral, que es indispensable, creo, y su proyección política. -Lo preguntaba porque aquí se dice que el Gobierno es de izquierda... -No, acá no hay un gobierno de izquierda. El peronismo nunca fue de izquierda. Perón tuvo en este sentido un equilibrio notable. Hay visiones extraordinarias que tuvo Perón sobre el destino negativo del sistema socialista mundial. También se burlaba del capitalismo como destino final de Occidente. Después de San Juan de la Cruz y de Dante terminamos en el señor Kohler y en la mentalidad de los directores del Fondo Monetario. No puede ser Occidente eso. Ahora, en la Argentina hay un momento bueno. El conflicto que tuvo que hacer el peronismo ya lo hizo: fue contra el liberalismo de Menem. Estaba apoyado mundialmente y el peronismo luchó para volver a una centralidad que todavía no tiene, como le dije, unas ideas efectivas, capaces de capturar a la sociedad más allá de los factores sentimentales.-¿La batalla contra la herejía ultraliberal está ganada ya, sin posibilidad de retorno?
-No hay posibilidad de retorno de la idea menemista. El peronismo siempre tuvo un centroderecha más fuerte que el centroizquierda, y el centroderecha del peronismo puede asomar en algún momento, pero nunca recreando ese liberalismo de Menem. -¿Kirchner no hace un gobierno de izquierda? -No, para nada. La izquierda, cuando está en el gobierno, se margina del sistema mundial e intenta un cambio. La Argentina no está en eso, y el presidente Kirchner tampoco. Yo no creo que se vaya a equivocar por el camino de una izquierda utópica que lo lleve a Nicaragua. De ninguna manera. Creo que está en un criterio que es extremadamente importante: comprende que la relación con Brasil y el Mercosur es central para sobrevivir. La Argentina sola no puede sobrevivir. De acuerdo con el politicólogo Osvaldo de Ribero, la Argentina es uno de los países más perfectos. El dice que se necesitan cinco condiciones para que un país sea viable: alimentos, energía, agua, espacios fértiles y lo que él llama "renta estratégica". De estas cinco condiciones, la Argentina sólo no tiene renta estratégica, porque no supo generar aliados. Fíjese: es un país aislado, le gritan por teléfono, Kohler dice que somos animales, O´Neill dijo que arruinamos a los cerrajeros de los Estados Unidos con nuestra deuda... -Hasta Batlle nos maltrata...-(Se ríe). Pero no se cuentan los insultos dentro de la casa. Fundamentalmente somos un país poderoso. Y el poder, en política, conlleva peligro. Cuando usted tiene agua, produce comida para alimentar cada año, por ejemplo, a media China, cuando usted tiene energía, cuando tiene una población excepcional, más integrada que la de los Estados Unidos...
-¿Cuáles serían los peligros que enfrentamos por ser tan poderosos en potencia?-El peligro es la caída de la razón internacional. Puede haber un imperalismo y una expansión hacia los recursos naturales, los espacios... El poder todavía no se ocupó de tragarse el Congo, con toda su madera. No sé si me explico bien: hay espacios indefensos que van a ser tentadores en el futuro.
-¿Sabe que en estas semanas éste fue un tema de discusión, a raíz de supuestos dichos del general Bendini?
-Me parecía que esas declaraciones se vinculaban con un tema religioso, con el antisemitismo, que yo condeno con toda energía.
-Estaba también la idea de que las grandes zonas vacías, por ejemplo la Patagonia, podían tentar a fuerzas externas. -No es imaginario ese peligro. El Atlántico Sur para nosotros es una tragedia. Nosotros no estamos controlando el robo monstruoso que se está haciendo. Si usted sobrevuela hoy ciertas zonas del Atlántico Sur le parecerá estar sobrevolando Miami, por la cantidad de barcos concentrados. Es una tragedia que estamos ocultando. La Argentina tiene que tener unas Fuerzas Armadas importantes. No hablo de represión interna: para la izquierda, si usted dice Fuerzas Armadas usted es fascista. Esta es una idea fascista que tiene la izquierda. Hay que integrar a las Fuerzas Armadas a través del Mercosur, con un sentido nacional. -¿Eso puede llevar a prohibir que los extranjeros compren tierras en nuestro país? -No se trata de eso, sino de ser conscientes de lo que se hace. Desde Santo Tomás, que funda la idea de Occidente, los hombres somos administradores de la tierra. Cada país administra sus bienes. Eso no quiere decir que un productor de petróleo puede quemar el petróleo en lugar de explotarlo, pagando los impuestos, ni que el que compra un terreno con un lago puede vender el agua. -¿Tenemos que inventarnos de nuevo? -La gente no se siente partícipe de la nación argentina. La gente no vive el fervor argentino más que en la cancha. Eso es un episodio de nacionalistas lelos. Pero es lo que tuvieron los conservadores para inventar este país, creado por hombres que inventaron incluso la etnia argentina. Roca en un momento tuvo más extranjeros que argentinos en la ciudad de Buenos Aires. Esa es una voluntad maravillosa, grandiosa, de crear una nación. -Hablemos de las leyes de punto final y obediencia debida. Usted no tiene un pensamiento políticamente correcto sobre este tema. -Hace mucho que renuncié a lo políticamente correcto. El hecho de que la gente que se levantó en noble acción revolucionaria pensando que tenía que acabar con el capitalismo de Occidente terminara poniendo a Alfonsín en el poder me parece irrisorio. Muchos de los que murieron lo hicieron heroicamente, con mucho coraje, cara a cara, como murieron los hombres de Stalin y los de Mao. Si usted dice que los mataron porque estaban anotados en una libreta y que eran todos inocentes, es una idiotez. Al guerrero hay que respetarlo. La izquierda argentina está dejando de respetar al guerrero y favorece a los sobrevivientes sospechosos, que ocupan los espacios externos y que se transformaron poco menos que en periodistas del sistema a través de la televisión. Pero de todas maneras yo no quiero agredir a esa gente, que está descalificada ante el pueblo argentino. Lo que yo quiero decir es que no podemos, por cobardía, aceptar la increíble barrabasada de que nos vengan a presentar como humanistas y defensores de la República a aquellos que tienen la conciencia profundamente revolucionaria, o la tuvieron en su momento. Yo puedo decir lo peor del liberalismo capitalista, pero también puedo decir lo peor de esa gente que se refugió al año del gobierno de Videla en Europa, donde estaban todos conduciendo a jóvenes de dieciséis o diecisiete años a la matanza. -¿Montoneros que mandaban a la muerte a otros? -No puedo yo afirmarlo. Pero en la Argentina la gente tiene miedo de decir ciertas cosas. En cierto modo, es un país periodísticamente intimidado. En el caso de Bendini, que usted me cuenta, en lugar de investigar si hay una acción del gobierno de Israel, que es una potencia distinta del poder religioso maravilloso del pueblo judío, en lugar de investigar si Bendini descubrió un complot, de inmediato lo acusan de antisemita. ¿Es posible que un hombre no pueda criticar la acción del ejército de Israel en Palestina? Yo he sido diplomático allí, les he dicho estas cosas a mis amigos israelíes durante tres años. Me adoraron, me despidieron con una gran reunión en la Universidad de Tel Aviv. Yo dije la verdad, digo la verdad. Pero los argentinos tienen un miedo enorme. Hay poderes de intimidación enormes frente al discurso políticamente correcto que fabricó la izquierda para silenciar la verdad sobre ella misma.-Hay algo delicado: muchos de esos setentistas están alrededor del Presidente...
-No, el Presidente es absolutamente peronista. No puedo darle nombres, pero he hablado con los dos hombres más importantes de la política argentina. Uno de esos dos hombres, realmente brillante, me dijo: "Es que usted no lo podrá tolerar, como muchos argentinos de Buenos Aires, pero el Presidente se creó un espacio ocupando esos lugares abandonados por el peronismo tradicional". Se creó un espacio de afecto y de apoyo que incluso acercó a la política a muchos jóvenes de los que se encogían los hombros y decían que eran todos unos sinvergüenzas. Se acercaron por estos hechos externos que enunció el presidente Kirchner ante la sorpresa de sus pares del Partido Justicialista. -¿Esos gestos de izquierda serían parte de una estrategia? -Si no estrategia, la inspiración de ocupar un espacio que la gente quería ver ocupado. Así que yo, en eso, me retracto, porque yo creí al principio que eran actos atrabiliarios, o demasiado exagerados. Me arrepiento de mi opinión. Creo que haber hecho que los jóvenes se volvieran a interesar por la política es un triunfo personal de Kirchner que nadie imaginaba. Al principio nos pareció un poco una locura...No le entendíamos el estilo ni entendíamos el efecto que tendrían esas medidas sobre los jóvenes. Pero no quiero ser excesivamente optimista... Por Hugo Caligaris