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FECHA: 16-06-2002

MEDIO: diario La Mañana del Sur. 

LA SEMANA EN NEUQUEN
La región es un paso hacia diversas posibilidades; se busca acumular más poder 

Por Ruben Boggi

Cuando comenzó Eduardo Duhalde su fantasía populista -todavía no abandonada- se dijo, con razón, que lo único que se conseguiría sería perder tiempo y oportunidades de negociación, de manera que al final habría que acordar con el FMI, pero en peores condiciones. Con ese pronóstico hecho evidencia real por el sólo paso de los meses, con las reservas del Banco Central por debajo de los 10.000 millones de dólares (alerta amarilla), con el dólar que sigue sin poder controlarse, con la pauperización de la población en aumento, es evidente que hay menos poder para negociar condiciones con el organismo internacional, que apuntó a los gobernadores como blanqueando la situación del poder político real en Argentina. El contexto es tan complicado y difícil, que Jorge Sobisch llegó a un acuerdo en la negociación por la deuda de Nación con el ministro Jorge Matzkin, pero sólo de palabra, y el transcurrir de los días hasta el martes que sería la firma condiciona y pone dudas al hecho real de hacerse de los 20 millones de pesos prometidos. Es que las cosas han cambiado tanto y tan rápidamente que nada es seguro hasta que se concreta: las provincias tienen sobradas pruebas tras haber firmado una multitud de pactos con el gobierno nacional que quedaron sin cumplir total o parcialmente. Aquí se juega a varias puntas: por un lado, se espera que Duhalde cumpla su rol y firme un acuerdo transitorio con el FMI; que se arreglen medianamente dos o tres cuestiones básicas y se encuentre el oxígeno para llegar a elecciones; por el otro, se trabaja en la regionalización con el objetivo de acumular poder regional y poder de esta manera terciar en la pelea nacional con mayor énfasis. Al extremo de este camino que alientan Sobisch y también Verani, y que recibe el beneplácito de las encuestas, existe la posibilidad inquietante de tirar una balsa para salvarse del naufragio nacional y conformar, si llega el caso de la hecatombe mayor, un Estado independiente.

El proceso de construcción regional adquiere más fuerza a medida que mayor es la crisis del país. De esto se dan cuenta todos, y si hay políticos que todavía no participan a favor o en contra, es porque están paralizados por la enorme magnitud de la crisis. El miércoles se verá más claro, cuando Sobisch y Verani pongan algunos ladrillos más en la pared -pragmática y novedosa- de esta región aún sin límites ni techo a las ambiciones. Lo elemental es que se decida ya la realización de un plebiscito -común al menos a Neuquén y Río Negro- que, si sale de acuerdo con las expectativas oficiales, daría el aval para avanzar y llamar a elecciones próximamente ya para una nueva provincia, o Estado regional, que podría dar origen a la experiencia más profunda de la organización institucional del país desde que se constituyera formalmente la Nación Argentina con la Constitución de 1853. Todo esto forma parte de un proyecto político que el MPN quiere ofrecer como menú político opcional en el actual momento de desesperación y ausencia de grandes objetivos. Jorge Sobisch se mueve en este esquema, que pasa primero por una reelección en Neuquén. Por ahora, tiene enfrente como adversarios a la confusión peronista, a la debacle radical, al sindicalismo estatal y a los sectores que terminarán aglutinados en lo inmediato en el ARI de Lilita Carrió. En cada uno de esos sectores opositores, el MPN de Sobisch siembra semillas de división.

Dentro de este macrocosmos político, están las realidades coyunturales. Son importantes a tomar en cuenta porque incidirán en los procesos políticos que se pondrán en marcha no bien en el país se abra la nueva y desesperada instancia electoral. Así, es probable que el peronismo neuquino se reorganice ya sin el protagonismo de tantos años de la familia Romero, que está buscando otros sectores en donde seguir cultivando la ciencia de lo posible. También es probable que se consolide una opción radical-movimientista, con Horacio Quiroga a la cabeza. El otro bloque que podrá tener protagonismo para discutir con el MPN será el que conforme la alianza «progre» de los desencantados multipartidarios con el grupo del ARI y los dirigentes sindicales que no abandonan el sueño de protagonizar en firme la política de la provincia. En estos movimientos hay que anotar también al sector ortodoxo del MPN, que continúa siendo Felipe-dependiente.


Habrá que mirar atentamente también el ineludible proceso de licitación del servicio eléctrico que emprenderá el municipio de la capital neuquina. Hay que cumplir con una sentencia de la Corte Suprema, y ayer ya confirmó el intendente Horacio Quiroga que el deseo de su administración es hacerlo este año. Esto obliga a seguir una compleja negociación que involucra -en política- centralmente al MPN, a la UCR y al PJ. Todos tienen parte en el Consejo directivo de la cooperativa CALF, a la que todos quieren salvar pero condicionando esta salvación a cambios impostergables. El principal cambio es terminar con una suerte de «municipio paralelo» que construyó la cooperativa a lo largo de muchos años, y que se constituyó en un grupo de poder político y económico de profunda influencia. Es probable que CALF continúe como dueña de la distribución eléctrica domiciliaria en la capital neuquina. Pero es igualmente probable que deberá limitarse a esa función, y que se termine un feudo político-social de dudosa práctica democrática.

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