09/08/03
Que rapido nos olvidamos los argentinos.....
Lo que esta "ola de optimismo", con su estilo informal, y de justicia
unilateral, no nos deja ver (o muchos no quieren ver?).
UN PIBE, QUE COME EN UN BASURAL (JUNTO A OTROS)FUE APLASTADO POR UNA
COMPACTADORA.
Manuel Gschwind, Subsecretario de Accion Social y candidato a diputado (MPN),
niega lo ocurrido...."los chicos no comen en el basural".
Si este tipo tuviese un poco, tan solo un poco de dignidad, deberia irse, y sin
chistar.
Otros funcionarios, llegaron al extremo de decir la siguiente barabridad:
"los chicos que comen en el basural no son de la zona....y si son de la
zona, no comen basura"....sin palabras.
Mientras tanto, el jefe de la banda, J. O. Sobisch, luce con estadisticas, las
bondades de su gestion.
http://www.patagoniaargentina.8m.com
fuente: diario "Rio Negro"
(lo resaltado en negrita es nuestro)
Un
chico que juntaba comida en la basura fue aplastado por la compactadora
La presión le fracturó la pelvis. Está internado desde el 22 de julio en
el hospital Neuquén. El hecho fue denunciado ayer por la directora de la
Escuela 311, donde el menor, que estaba desnutrido, asiste a clases. La docente
dijo que en el establecimiento hay 30 niños que comen en el basural. Caso
testigo de la extrema pobreza.
NEUQUEN (AN).- Rubén, un chico de 11 años con síntomas de desnutrición,
se accidentó en el basural mientras buscaba comida para alimentarse. El niño
fue aprisionado por la compactadora de un camión de Cliba, la empresa que
se encarga de recolectar los desperdicios que arrojan los vecinos de esta
ciudad.
La víctima de la pobreza se encuentra internada en la sala de traumatología
del hospital Castro Rendón y tiene fracturados los huesos de la pelvis. Los médicos
que lo atienden dicen que se va a recuperar.
El dramático accidente ocurrió el 22 de julio último a las 9.30, pero recién
se conoció ayer. La denuncia la formuló Claudia Pérez, la directora de la
escuela 311 del barrio Toma Almafuerte, una mujer que convive con el drama
de la pobreza, un problema que echó raíces en el oeste de la capital.
Sin metáforas ni eufemismos, la docente describió un doloroso cuadro social. Pérez
dijo que al menos 30 alumnos, de los 650 que asisten a la escuela 311, comen
regularmente en el basural. La directora tiene pruebas de lo que dice. "Los
chicos vienen con las manos llenas de hongos, infecciones en el cuerpo y en los
dibujos escolares aparece el basural", expresó la directora. En el
colegio, además, algunos docentes están bajo tratamiento psicológico para
sobrellevar la pesada realidad de Toma Almafuerte.
Manuel Gschwind, subsecretario de Acción Social, intentó aflojar las
tensiones con una frase conocida. "Los chicos no comen en el
basural", dijo el funcionario y candidato a diputado provincial por el MPN.
Fernando Bulgarelli, director asociado de Servicios Médicos del hospital Castro
Rendón, fue directo al grano. "La gente come en el basural. No es un
problema de éste ni del anterior gobierno. Lo que sucede es que parece que
ahora los medios encontraron el problema", le dijo a "Río
Negro".
Rubén cursa el tercer grado de la escuela primaria, tiene siete hermanos y
vive con su madre, Ruth, de 48 años. La familia se sostiene con un plan Jefes
de Hogar. Es decir que en la casa de Rubén hay 150 pesos por mes y dos cajas de
alimentos que le entrega la cartera que dirige Gschwind.
"Lo que le sucedió es porque yo no lo acompañé", se lamentó anoche
la madre de Rubén en diálogo con este diario
Lo ocurrido con este chico no es nuevo. El 18 de diciembre de 1999 un
adolescente de 16 años murió atropellado por un camión de Garbo Sur, la
empresa que entonces prestaba el servicio de recolección de residuos.
Mientras que desde la provincia y la municipalidad se encontraron ayer
respuestas defensivas, la directora de la escuela 311 informó que el caso de
Rubén no es el primero. En el basural también sufrieron accidentes otros dos
alumnos. Uno de ellos se quemó en una pierna cuando se le adhirió una bolsa de
polietileno derretida con la que se calentaba una fría noche de invierno.
La docente dijo que Rubén sufría desnutrición. El dato fue confirmado por
el médico Bulgarelli. Pero Pérez fue más allá y relató que en la escuela
los chicos se duermen en la primera hora de clase y recién recuperan energías
cuando llega la copa de leche.
La directora agregó más datos que apuntalan la triste historia de la escuela
311: dijo que este año la cantidad de chicos que están asistiendo al comedor
se duplicó en comparación al anterior.
Pese que Neuquén exhibe indicadores de desempleo más bajos que hace un año,
uno de cada cuatro habitantes de esta ciudad y Plottier en condiciones de
trabajar tien dificultades para hallar un trabajo y está desocupado o es
beneficiario de un programa de asistencia social. Además, el 38,6% de los
hogares, que representan a más del 46% de la población de este conglomerado
urbano se encuentra bajo la línea de pobreza porque los ingresos individuales
son inferiores a los 220 pesos mensuales. Durante la primera semana de mayo este
diario publicó un informe sobre los chicos que comen desperdicios en el basural
de Plottier. En dos visitas al lugar se detectó a una docena de chicos de entre
cuatro y diez años comiendo basura. Las mismas personas que concurren al depósito
admitieron que son muchos los chiquitos y también los grandes que viven de los
restos de comida y de los materiales que venden en las chacaritas. La situación
del resumidero de Plottier fue rechazada por la jefa comunal de esa ciudad y por
el encargado de Medio Ambiente quienes sucesivamente dijeron que los chicos no
eran de allí y que si eran de la zona no comían los desperdicios. El máximo
responsable de la cartera social de la provincia dijo ayer que los chicos no
comen en el basural.
Un paisaje desolador
NEUQUEN (AN).- El suelo del basural está teñido con el color de las bolsas de
basura. La mayoría de diferentes hipermercados de la ciudad. Incluso los
descoloridos arbustos que crecen en la árida meseta, y que cercan al basural,
toman color cuando estas se vuelan y quedan colgadas entre sus ramas.
Con destreza, hombres, mujeres, perros y chicos, caminan sobre las bolsas.
Revuelven en busca de papeles, vidrios, metales y restos de comida. Una brigada
de carros -algunos tirados por caballos- esperan la carga en un costado.
Algunas personas tienen el rostro pintado de negro, debido al humo que genera el
fuego con el que se calientan. Pasan toda la noche en el lugar. Duermen bajo
carpas de nylon. "Y a los pibes no se los puede manejar", aseguran.
Después de la medianoche y hasta la primeras horas de la mañana, se produce la
mayor descarga de desperdicios. La basura de hogares y los alimentos vencidos de
hipermercados, son arrojados al colorido suelo del basural. Los camiones suelen
demorar hasta una hora para llegar al sitio de descarga. Porque la gente se
cuelga en las cajas en busca de un lugar privilegiado y no los dejan avanzar. Lo
hacen para tener mayor posibilidades de seleccionar y acopiar las bolsas, sin
que toquen la tierra, para que el "vecino" no las pueda arrebatar.
"En las vacaciones de invierno estuvo repleto de pibes", cuentan en el
lugar. "Y no se saben manejar. No tienen cuidado y hacen cualquiera",
agregan.