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22/04/2003 

Enviado por:  Patagónico


 Las secretas negociaciones de Tompkins con el Gobierno chileno.


20 de Abril de 2003

Luego del estancamiento, durante el gobierno de Frei, de darle curso a la fundación que administraría el santuario de Douglas Tompkins, con la llegada de Ricardo Lagos a la presidencia se esperó que se reanudaría el tema por la simpatía que le despertaba Pumalín. Foto:El Mercurio.

En reserva, La Moneda está despejando el camino para que las 300 mil hectáreas del magnate norteamericano en la X Región queden protegidas. Este anhelo de Tompkins, en espera hace siete años, es resistido por parlamentarios, empresarios y alcaldes de la zona.

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LAURA GARZÓN ORTIZ

Aceleradamente ha estado trabajando en los últimos meses la Secretaría General de la Presidencia (Segpres) para cerrar un tema que pasó a ser una piedra en el zapato para el Gobierno: entregar la calidad de santuario de la naturaleza al Parque Pumalín del magnate norteamericano Douglas Tompkins, en la X Región.

Dejando de lado la reticencia de parlamentarios democratacristianos y de oposición, de los alcaldes de la provincia de Palena y de los empresarios salmoneros, que ven con temor que este nuevo estatus de Pumalín - ocupa más de 300 mil hectáreas- limite el desarrollo económico en el área, La Moneda decidió seguir avanzando presionada por Tompkins que desde el año pasado exige una definición.

¿Por qué su apuro? Porque sabe que en un futuro gobierno de derecha sus aspiraciones encontrarán aún más reparos y lo que él busca es proteger esas tierras como patrimonio natural. "El empeño de Tompkins por lograr la categoría de santuario no es motivado por obtener beneficios tributarios, ya que no accede a ellos ni con la donación de tierras ni creando la fundación, por lo que sus razones son netamente ambientales", asegura un cercano al parque Pumalín.

Se sabe que ya está afinado un borrador de acuerdo, el que sería ratificado en las próximas semanas por Tompkins y la Segpres. Se trata del tercero durante las administraciones de la Concertación, ya que durante el Gobierno de Frei se suscribieron dos documentos, en 1997 y 2001, los que finalmente no llegaron a buen puerto.

Cuando estuvo más cerca el sueño del empresario ambientalista fue hace dos años, ya que pese a estar listo el decreto para que Pumalín fuera santuario, nunca fue firmado por la entonces ministra de Educación, Mariana Aylwin (DC), aunque el Consejo de Monumentos Nacionales lo aprobó por unanimidad.

Tener esta calidad para sus tierras implica que se reconoce su importancia ambiental y toda intervención que se quiera hacer en ellas debe tener el visto bueno del Consejo. "Al final, lo que Tompkins quiere es que el Estado reconozca la labor que está haciendo, es una cuestión de ego, y que el Gobierno se comprometa con ella, pero sin que él pierda el control", señala un ecologista.

El equipo legal de Tompkins, encabezado por el abogado Pedro Pablo Gutiérrez, del Estudio Carey, retomó las conversaciones primero con el ex subsecretario general de la Presidencia Gonzalo Martner (PS), labor que tras el cambio de gabinete recayó en su sucesor, Rodrigo Egaña (PS). Las tratativas despejaron el punto que generaba más ruido: los integrantes de la fundación que administrará el parque y quién los designará.

Las exigencias del Gobierno apuntaban a que los directores de esa entidad tenían que ser personas domiciliadas en Chile y Tompkins, que aspira a presidirla, pese a vivir hace casi dos décadas en el país, no tiene residencia. Esto para evitar el problema de tener que tributar aquí y en Estados Unidos.

A través de una compleja figura legal se logró subsanar ese punto y asegurar al norteamericano que tendrá el control dentro del organismo y, por ende, del parque. Así queda despejado el camino para constituir una nueva fundación - que llevará por nombre Pumalín- , trámite que se realizará en el Ministerio de Justicia una vez que se suscriba el convenio.

En paralelo y para allanar más las conversaciones con La Moneda, Tompkins ofreció donar cerca de 100 mil hectáreas en la zona para que se cree un parque que será administrado por la Corporación Nacional Forestal (Conaf).

La historia de Douglas Tompkins en Chile empezó a principios de la década pasada, cuando el empresario ambientalista - uno de los fundadores de Esprit- empezó a comprar predios en el sur del país. En la actualidad reúne un patrimonio que supera las 500 mil hectá-reas en predios repartidos entre la X y XI Región y se estima que sus inversiones locales superan los US$30 millones.

Nadie imaginó que esta incursión desataría una verdadera batahola que enfrentó a sectores dentro de la propia coalición de Gobierno. Y es que tanto territorio en manos de un extranjero despertó las suspicacias de los parlamentarios, autoridades y empresarios de la zona.

Los temores eran de corte geográfico, ya que las propiedades del norteamericano se ubicaban en áreas fronterizas. En lo económico, las reticencias apuntan a que Tompkins, por ser seguidor de la ecología profunda, es crítico al de-
sarrollo y en ese sentido no sólo restringiría la posibilidad de efectuar labores productivas, sino que también impediría la construcción de caminos o el paso de redes de telecomunicaciones por sus propiedades. "En la práctica el territorio quedaba dividido en dos", indica un senador.

El punto más álgido en las relaciones Tompkins-Gobierno se vivió en 1997 cuando se firmó un convenio para regular la creación del Parque Pumalín. Entre otros puntos, el empresario se comprometió a no seguir comprando predios, de más de 4 mil hectáreas, y La Moneda a declarar la reserva ecológica como santuario de la naturaleza.

Sin embargo, a poco andar las partes no cumplieron ninguno de los 10 puntos del acuerdo. Tompkins siguió adquiriendo fundos y el Gobierno nunca le dio luz verde al santuario, poniendo una serie de exigencias que entrabaron la constitución de la fundación que controlaría el parque.

Las desavenencias se agudizaron, se perdió la confianza y la oposición dentro de la Democracia Cristiana fue en aumento. Próceres de ese partido, como los senadores Adolfo Zaldívar y Sergio Páez, se mostraron abiertamente contrarios a las intenciones de Tompkins, posición a la que también adscribía el propio Frei que cuando salió de La Moneda, y en su cargo de senador vitalicio, emitió fuertes declaraciones contra el norteamericano.

"Hubo una decisión política durante el Gobierno de Frei de no darle curso a la fundación que administraría el santuario. La solicitud estuvo parada 17 meses en el Ministerio de Justicia, sin embargo la fundación que creó Endesa para el parque Huinay salió en sólo 40 días", sostiene un cercano a Tompkins.

Con la llegada de Lagos a la Presidencia, se suponía que las aspiraciones de Tompkins se concretarían, ya que en varias ocasiones el Mandatario y sus colaboradores cercanos como el entonces titular de la Segpres, Álvaro García, habían manifestado su simpatía por Pumalín.

Y las cosas parecieron avanzar. Tanto así que en 2001 se consensuó un nuevo convenio y el Consejo de Monumentos recomendó a la ministra Aylwin declarar el parque santuario de la naturaleza. Un cercano a la entonces titular de Educación manifiesta que ella nunca fue partidaria del proyecto, compartiendo la visión de muchos de sus camaradas, y que no firmó el decreto arguyendo que no se habían cumplido los requisitos formales para crear la fundación.

El año pasado, sin embargo, el propio Tompkins reanudó el contacto con el Gobierno y apuró el tranco, convencido de que si no dejaba amarrado el tema durante la administración Lagos, era muy improbable que su petición tuviera eco con Joaquín Lavín instalado en La Moneda.

Así le presentó al Presidente un estudio completo con todos los aspectos que estaban pendientes y las vías para ir solucionándolos. El Mandatario dio instrucciones precisas a la Segpres para encontrar una salida.

Primero, a cargo de Gonzalo Martner, esta cartera avanzó en un borrador de acuerdo que estuvo a punto de suscribirse en febrero y no se hizo sólo por la falta de precisión de algunas cartas cartográficas del parque.

Luego vino el cambio de gabinete y los abogados de Tompkins reanudaron los contactos ahora con Rodrigo Egaña, quien reemplazó a Martner.

El andamiaje legal

Las negociaciones apuntaron a resolver los puntos más conflictivos y que impedían entregar la categoría de santuario a Pumalín. Estos se relacionan con la fundación que administrará el parque y sus integrantes.

La designación de los directores era compleja. Se acordó que tres serían fijos y corresponderán al rector de la Universidad Austral, al obispo de Ancud y al intendente de la X Región. Los otros cuatro serían designados por The Conservation Land Trust, la fundación de Tompkins que dona las tierras.

Aquí se centró la discusión, ya que en un primer momento el Gobierno exigió que The Conservation Land Trust se registrara en Chile bajo la figura de agencia de fundación extranjera. Esta fórmula fue rechazada por el equipo legal de Tompkins, ya que el reglamento que rige a estas entidades permite que el Presidente de la República revoque ese tipo de agencias sin expresar razones.

"Eso implicaba perder todo control sobre la designación de los cuatro directores que le correspondía y la tuición sobre el parque", indica un cercano al empresario estadounidense.

Este riesgo se anuló con una fórmula propuesta por el norteamericano. Ésta consiste en que los cuatro directores serán nombrados por una sociedad comercial norteamericana, vinculada a The Conservation Land Trust, que no tendrá que registrarse ante el Ministerio de Justicia.

Este mecanismo ya fue aceptado por la Segpres y considera que en un primer momento los integrantes designados sean abogados, ligados a Tompkins, quienes luego cederán sus puestos al mismo empresario y a su esposa. Esto revelaría que el Gobierno finalmente cedió, aceptando que Tompkins se integre a la fundación sin contar con residencia chilena.

"Esa exigencia era ridícula porque hay cientos de sociedades extranjeras en Chile cuyos directores no tienen domicilio en el país. Ese requisito era sólo para dificultar los trámites", acota un abogado.

Con estos aspectos consensuados, lo único que falta por acordar es cómo se incorporarán unos terrenos fiscales a las 80 mil hectáreas que Tompkins va a donar a la Conaf para crear el parque Corcovado. "Espero que la próxima semana tengamos ya una solución", adelanta Rodrigo Egaña, subsecretario general de la Presidencia.

El personero agrega que el borrador de acuerdo al que se llegó con Tompkins "es bastante bueno para Chile. Se generan parques nuevos, se ordena Pumalín. Hay una serie de elementos como la conservación ambiental, la biodiversidad, la vinculación entre medio ambiente y ecoturismo, que se potencian", puntualiza.

Una vez que se firme ese convenio - Egaña espera que se materialice pronto- se creará la fundación en el Ministerio de Justicia y luego se traspasarán las 300 mil hectáreas que hoy constituyen Pumalín. A eso seguirá la declaración de santuario.

Las resistencias que quedan

Aunque al parecer Tompkins se acerca a la meta que ha perseguido desde que llegó a Chile, lo cierto es que aún le quedan obstáculos por superar. La principal resistencia la tiene en casa. Son los alcaldes de la provincia de Palena, encabezados por el edil de Chaitén, José Miguel Fritis, y parlamentarios de la zona.

"Las aprensiones se relacionan con un tema de fondo y es que el Estado no ha definido qué quiere hacer con el Chile austral. Y cuando exista esa definición nos podemos encontrar con que no tenemos territorio donde implementarla", sostiene Fritis, un fuerte opositor al proyecto de Tompkins.

Recuerda que hace dos años el ex ministro García se comprometió a que cualquier acuerdo que se alcanzara con el empresario norteamericano sería informado a las autoridades locales, palabras que fueron refrendadas luego por el hasta marzo titular de la Segpres, Mario Fernández.

"Me molestaría que hubiera un nuevo acuerdo a espaldas de la gente que vive aquí", enfatiza el alcalde de Chaitén.

El presidente de la Comisión de Medio Ambiente del Senado, Antonio Horvath, adelanta que existe preocupación porque el convenio al que llegue el Gobierno resguarde el interés nacional.

"Lo que pedimos es que se salvaguarde la integridad física del país, en el sentido que haya caminos - por el parque- sin transbordo, paso para comunicaciones y energía. Además, que exista fiscalización fitosanitaria de fronteras", agrega Horvath.

Para el diputado de la UDI Claudio Alvarado, la zona en que está emplazado el parque Pumalín tiene un alto potencial acuícola y forestal, a lo que se agregan algunos estudios que mostraron la existencia de riquezas minerales.

"Que Pumalín se declare santuario de la naturaleza implica que si más adelante se pide una concesión marítima, va a haber problemas con él (Tompkins) y con el Consejo de Monumentos Nacionales", dice el parlamentario.

Se espera que también reaccionen los empresarios salmoneros que ven en las propiedades de Tompkins un escollo para su futura expansión. Fuentes cercanas a SalmónChile, la asociación que agrupa a los industriales del sector, señalaron que es probable que de concretarse el estatus de santuario de Pumalín, ese gremio interponga un recurso de protección para impedirlo.

Cercanos al empresario norteamericano señalan que éste ya está cansado y molesto con la resistencia que encontró en Chile. No descartan que éste sea el último intento que hace para entenderse con el Gobierno y dicen que está más entusiasmado con sus proyectos en Argentina donde "lo han recibido con los brazos abiertos".

Los "dulces" del convenio

En paralelo Douglas Tompkins está negociando con el Gobierno la entrega de cerca de 100 mil hectáreas al Estado. Se trata de las 80 mil que constituirán el parque El Corcovado, casi en el límite con la XI Región, que será administrado por la Conaf.

Esta donación está condicionada a que el fisco ceda algunos terrenos aledaños a esa propiedad, los que también se integrarían a la reserva ecológica.

En paralelo, La Moneda pidió que Tompkins le entregara al Ministerio de Bienes Nacionales un predio que se llama Rorohuento (de alrededor de 10 mil hectáreas) cuyas tierras eran susceptibles para el pastoreo o veranadas. Al Estado le interesan para desarrollar proyectos con los habitantes de la zona.

El norteamericano aceptó a cambio de que el fisco le cediera una propiedad de similar superficie, de altas cumbres, que se sumarían a Pumalín.

Informe:

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